A merced del cambio climático

Puerto Rico será cada vez más caluroso, seco y vulnerable a eventos atmosféricos extremos, según informe 

El aeropuerto internacional Luis Muñoz Marín es altamente vulnerable al continuo aumento del nivel del mar. (GFR Media)

 

 El calentamiento global no es un problema del futuro, ya es parte de nuestra realidad. Un análisis de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA, por sus siglas en inglés), publicado en febrero, revela que la temperatura promedio de la superficie de la Tierra, en 2018, fue la cuarta más alta en 140 años.

 

Millones de carros quemando combustibles fósiles. Bosques calcinados para hacerle espacio a la agricultura industrial. Ciudades que consumen demasiada energía y generan toneladas de basura a diario. Estas actividades generan gases de efecto invernadero –como dióxido de carbono y metano–, que absorben energía y sobrecalientan la Tierra.

 

Mientras más alta la temperatura terrestre, más expuestos estamos a eventos extremos, como sequías y huracanes. Desafortunadamente, no estamos haciendo lo suficiente para mitigar los daños ambientales, económicos y sociales del cambio climático.

 

Efectos locales

 

Puerto Rico ha sido declarado zona de desastre en los últimos años a causa de eventos climáticos extremos: durante la sequía de 2014-2015, las inundaciones de 2016 y los huracanes de 2017. No es casualidad que estos años han sido los más calurosos desde 1880. Parece que el 2019 no será la excepción, pues 90% del país está bajo los efectos de una sequía.

 

La comunidad científica lleva monitoreando las condiciones atmosféricas del Caribe desde el siglo pasado. Estos datos ponen en evidencia los cambios climáticos a nivel regional y sirven para proyectar cómo será el clima del futuro, de seguir la tendencia de calentamiento global.

¿Cómo será Puerto Rico en 2030 o 2050? Cada vez más caluroso, seco y vulnerable a eventos climáticos extremos, según la Cuarta Evaluación Nacional del Clima (NCA4, por sus siglas en inglés), publicado en noviembre de 2018. Según el NCA4, la temperatura en Puerto Rico ha aumentado más de 1.5°F desde 1950. Esto significa que hoy tenemos más días sobre los 90°F que hace sesenta años.

 

Durante este período, aumentaron también las enfermedades cardiovasculares y los accidentes cerebrovasculares, las principales causas de muerte relacionadas con altas temperaturas. El NCA4 también concluye que, para 2050, el Caribe recibirá 10% menos lluvias.

Estas tendencias exigen acciones urgentes para evitar graves consecuencias para la salud pública, la infraestructura, la agricultura, los ecosistemas naturales y el turismo. Podemos ser más eficientes en el manejo del agua, removiendo sedimentos de los embalses para aumentar su capacidad y rehabilitando las tuberías de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados para reducir el desperdicio de agua. Además, es posible establecer sistemas de riego en fincas agrícolas para conservar agua e instalar cisternas para la captación de lluvia en techos residenciales, algo común en otras islas del Caribe.

 

Toman acción

 

Por vez primera, el Caribe tiene un capítulo propio en la Evaluación Nacional del Clima (NCA), un informe requerido por el Congreso y el estudio más completo sobre cambio climático en Estados Unidos. Veintiocho científicos de Puerto Rico y Estados Unidos trabajaron por dos años en el desarrollo del NCA4, con el apoyo del Centro Climático del Caribe del Instituto Internacional de Dasonomía Tropical del Servicio Forestal federal y del Consejo de Cambios Climáticos de Puerto Rico.

 

Uno de los objetivos del informe es educar al público y a los encargados de tomar decisiones en el gobierno para desarrollar estrategias y políticas para lidiar con el cambio climático. El NCA4 incluye dos capítulos enfocados en acciones de adaptación y mitigación, incluyendo medidas viables en Puerto Rico. Ciudadanos, el sector privado, los gobiernos y la sociedad civil pueden tomar medidas a diferentes escalas y contribuir a crear resiliencia.

 

Adaptación implica planificar para manejar riesgos a corto y largo plazo. Esto incluye rehabilitar la infraestructura pública, como carreteras y el sistema eléctrico, para que resistan los embates de eventos climáticos, y reubicar viviendas en zonas inundables o vulnerables al aumento del nivel del mar.

 

Por otro lado, mitigación significa reducir la emisión de gases de efecto invernadero para desacelerar el calentamiento global. Para esto, necesitamos usar menos combustibles fósiles como el carbón, petróleo y gas natural. Las tecnologías para generar energía de fuentes renovables son hoy más accesibles que nunca.

 

Debemos aprovechar esta oportunidad para reducir nuestra dependencia a los costosos y contaminantes combustibles fósiles. Podemos también establecer proyectos para secuestrar carbono de la atmósfera, estrategias para adoptar en el sector agrícola y forestal.

 

Aunque el panorama de Puerto Rico ante el cambio climático no es alentador, existen soluciones y estamos a tiempo para adoptarlas. Como quedó demostrado en el NCA4, la comunidad científica está disponible para informar y contribuir al desarrollo de políticas públicas para solucionar los problemas de nuestra sociedad.

 

La autora es científica ambiental, geógrafa e investigadora independiente, e integra la red de Ciencia Puerto Rico.

 

Fuente original: https://www.elnuevodia.com/ciencia/ciencia/nota/amerceddelcambioclimatico-2481270/?fbclid=IwAR1uVj-pvOO4PPoeyr4n5AB4SXBjKbWUdluzOmY3VGa9IC_c6DzkdsnaLKc

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