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Venezuela: El coral blando invasor Unomia afecta al Parque Nacional Mochima

Desde la década de los 2000, aproximadamente, un coral invasor llamado Unomia stolonifera se ha expandido en parte del mar Caribe en Venezuela, incluido el Parque Nacional Mochima.

Su presencia ha deteriorado el hábitat de numerosos peces y perjudicado a los pescadores.

Investigadores están llevando a cabo experimentos para conocer más a la especie e idear una estrategia para mitigar sus impactos.



“El Unomia Stolonifera cubre extensas áreas de los organismos que están en el fondo del mar, como las esponjas y otros corales. Estos quedan cubiertos por su manto y les provoca la muerte al no dejarlos alimentarse”, cuenta la científica Ana Yranzo, que junto con otros investigadores está estudiando esta especie de coral invasor que provendría del océano Índico. Además, la presencia del Unomia hace que los peces que se alimentan de los corales o que utilizan los arrecifes para refugiarse de sus depredadores migren a otros sitios, agrega la experta.


El daño ocasionado por el coral Unomia ha sido reportado, por los especialistas que hablaron con Mongabay Latam, en el Parque Nacional Mochima entre los estados Sucre y Anzoátegui. De hecho, el Ministerio de Ecosocialismo de Venezuela lo ha reportado en al menos 3000 hectáreas al interior del Parque. Pero también se han identificado impactos en el área protegida del Refugio de Fauna Silvestre de Cuare y en la playa Valle Seco en el estado Aragua.

Según testimonios de pescadores recolectados por la organización de la sociedad civil Unomia Project, un acuarista no identificado introdujo a la especie en el país entre el año 2000 y 2005.


Mientras que en el país no hay claridad de cómo se va a controlar la dispersión de esta especie, los investigadores de la sociedad civil siguen recolectando información sobre este coral para determinar cuál será el mejor camino.


¿Cómo es y qué provoca este feroz invasor?


En un inicio, los científicos pensaron que se trataba de un coral perteneciente al género Xenia, pero gracias al trabajo del biólogo marino Juan Pedro Ruiz y otros investigadores, hoy se sabe que en realidad es parte del género Unomia y es la única especie que se ha identificado de este grupo de corales. Se caracteriza por ser un coral blando, lo que significa que no tienen un esqueleto externo de carbonato de calcio característico de los corales duros, los cuales conforman la base de los arrecifes.


Mongabay Latam habló con tres investigadores, dos de ellos desde centros universitarios y uno desde el Unomia Project—una iniciativa científica y de la sociedad civil venezolana creada para conocer y controlar al coral blando invasor conformada por el biólogo marino Juan Pablo Ruiz, entre otros—, para conocer más de la especie invasora y qué se ha hecho para manejarla. Según ellos, la expansión del Unomia es relativamente fácil. Los expertos consultados tienen la teoría de que una de las principales maneras en la que se ha difundido es a través de las redes de pesca. “Cuando se levantan quedan fragmentos de Unomia adheridos allí, entonces los pescadores sin saber las lanzan en otros lugares y así esas partes se depositan en el fondo del mar. Luego el coral consigue un sustrato duro para asentarse y allí comienza a crecer”, explica Yranzo.


Así se ve el coral blando invasor Unomia en Venezuela. Crédito: Gustavo Carrasquel.


También se puede adherir al bote de los pescadores, al ancla u otros objetos o incluso a animales. “Se pega en los caparazones de las tortugas, en el pasto marino (Thalassia), en crustáceos, cangrejos, botellas plásticas y de vidrio. Esto le facilita la movilidad”, detalla Gustavo Carrasquel, periodista ambiental, investigador de este coral y director de la Fundación Azul Ambientalistas, una organización de la sociedad civil venezolana creada en 1986.


El Unomia ha recibido la calificación de invasor puesto que así se denominan las especies exóticas —no nativa e introducida al ambiente— que “comienzan a crecer y reproducirse sin control consumiendo los recursos y el espacio del ecosistema receptor, afectando y desplazando a las (especies) nativas” dice Ruiz. Él fue el primero en toparse con la especie en Venezuela y describirla. Hoy, desde Unomia Project, busca continuar las investigaciones y controlarla. Esta organización de la sociedad civil estima que más de la mitad del fondo del mar del Parque Nacional Mochima ya está cubierta por el coral blando invasor.


La investigadora Ana Yranzo junto con el fotógrafo Jorge Méndez en labores de campo sobre el Unomia. Crédito: Gustavo Carrasquel.


Según Ruiz, el Unimoa ha colonizado masivamente una gran parte de los arrecifes costeros de esta área protegida matando a las especies nativas de estos ecosistemas.

Ana Yranzo —científica del Laboratorio de Ecología de Sistemas Acuáticos en la línea de investigación de ecosistemas marinos y costero en el Instituto de Zoología y Ecología Tropical de la Universidad Central de Venezuela— menciona algunas de las especies afectadas. Entre ellas están los gusanos marinos (Polychaeta), las esponjas (Porifera) y las estrellas de mar (Asteroidea) “Habría que determinar si los individuos bentónicos —los del fondo del mar— móviles como crustáceos también migran o mueren cuando llega el Unomia”, dice Yranzo.



Lecho rocoso arrecifal colonizado por Unomia stolonifera. Crédito: Gustavo Carrasquel.


La pérdida de estos animales tiene, además, otra consecuencia: ahuyenta a los peces. El Unomia “está afectando directamente a las poblaciones de peces que viven en el arrecife o que dependen de este y sus especies para su subsistencia”, dice Ruiz. Esto ha llevado a la disminución de la pesca, asegura el especialista, afectando las condiciones de vida de los pescadores.


Adicionalmente, el turismo se ha visto afectado. Yranzo señala que en Mochima hay sitios que ya no gustan a los turistas porque el fondo marino ahora se ve marrón por el coral Unomia, no cristalino o azul como era antes. Además, señala que el Unomia es baboso y desagradable al tacto. Carrasquel también agrega que en la playa Valle Seco se ha deteriorado el paisaje. “El coral tiene tapado a todos los demás, se ha perdido el colorido”, comenta.


Lo más preocupante es que, según los expertos consultados, la facilidad con la que se dispersa el coral puede hacer que llegue a otros lugares del Caribe. “Existe el riesgo de que llegue a otros países. Primero a las islas ABC, Aruba, Bonaire y Curaçao”, dice Yranzo.


Mediciones científicas del coral Unomia Stolonifera. Crédito: Gustavo Carrasquel.


Los intentos fallidos de extracción y la investigación del coral


Al menos desde 2021 y hasta junio de 2022, el Ministerio de Ecosocialismo —el equivalente al de Ambiente de otros países— ha liderado un esfuerzo por el retiro manual de los fragmentos del coral Unomia por parte de voluntarios que denominaron “protectores del mar”. Sin embargo, esta extracción manual no ha debido ser el método utilizado, según explicaron expertos a Mongabay Latam. “Fue una decisión errada”, Yranzo. Así como en la pesca los fragmentos del coral Unomia se pegan a la red, también pueden adherirse a las manos. “Es demasiado difícil que no se vaya una parte del mismo en esa remoción por su consistencia frágil. Fue un gran error, estimuló el crecimiento de este coral. Tenemos entendido que no se va a seguir haciendo”, señala Yranzo.


Según los expertos, las equivocaciones en la extracción manual han demostrado que se requiere mayor investigación científica para conocer al coral Unomia y así poder diseñar una estrategia adecuada para su mitigación. “Se han perdido años valiosos sin que se genere un consenso científico que permita crear planes de mitigación o erradicación”, explica Gustavo Carrasquel. Sin embargo, al menos Yranzo y Ruiz sugieren evitar la pesca en áreas libres del coral blando, es decir, donde existe el riesgo de que llegue a establecerse.


Precisamente, para subsanar la falta de información sobre la especie, los investigadores continúan su labor. “Estamos desde la Universidad Central de Venezuela (UCV), la Universidad de Oriente (UDO) y el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC) haciendo una evaluación de la biología, la ecología y la química de este coral para ver cómo puede controlarse. Primero hay que conocerlo para decidir cuál será la mejor estrategia de control”, explica Yranzo.



La biodiversidad más abundante en este espacio es la que existe bajo el mar. En los Arrecifes de Punta Sal se registra un alto endemismo de especies invertebradas. Foto: Yuri Hooker.


También comentó que el proyecto de investigación incipiente tiene un componente de trabajo en campo en el estado Falcón y Choroní, en el estado Aragua y cerca del Parque Nacional Henri Pittier. Además, tiene una etapa de experimentación en laboratorio que busca determinar características del coral, como sus tasas de crecimiento y recrear su comportamiento en acuarios, para evaluar qué factores influyen en la salud de este organismo y así evaluar medidas que podrían usarse.


Los entrevistados señalan que el control del Unomia tiene otro reto: la financiación. “Los recursos son limitados. En este proyecto hemos tenido apoyo de la empresa privada, así como del Ministerio de Ciencia y Tecnología” dice Yranzo, pero se requieren más recursos. “Todo está muy costoso, por ejemplo, para las salidas de evaluación de campo”, explica la científica. Los dos especialistas adicionales que hablaron con Mongabay Latam confirmaron la misma situación.


Junto a esta problemática se suma el hecho de que en Venezuela no existe una normativa específica para controlar la introducción de especies invasoras, lo cual Yranzo considera que es “un problema grave”.


*Imagen principal: El coral Unomia ha ocupado más de 3000 hectáreas en el Parque Nacional Mochima. Crédito: Gustavo Carrasquel.


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