Barcazas abandonadas: peligro para el mar

En Puerto Rico se reportan muchos encallamientos de embarcaciones todos los años; esta situación da paso, entre otras cosas, a una alta incidencia de botes abandonados. El Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) ha identificado, al menos, 68 embarcaciones abandonadas en la Isla; no obstante, como muchas de estas están hundidas, la cantidad podría ser mayor. Una embarcación abandonada es una de vela o motor que esté desatendida por un período mayor de 48 horas, ya sea en buen estado o destruida.

 

Estos navíos pueden mutilar los corales y las hierbas marinas si se mueven por el oleaje o por corrientes fuertes, escenario que puede agravarse en caso de tormentas o huracanes. Este impacto, a su vez, puede afectar adversamente los otros organismos que allí habitan. Al perderse porciones de estos ecosistemas por la destrucción mecánica, se pierden sus funciones; entre ellas, las de ser criaderos, fuente de alimentos y escondite de peces y de otras especies marinas que dependen de ellos, como lo son las estrellas de mar, langostas y carruchos.

 

Además, se pierde la función del arrecife de coral de amortiguar la energía del oleaje y, por ende, de proteger la costa, al igual que su función de absorber y manejar el bióxido de carbono que es muy importante para reducir los impactos asociados al calentamiento global y al cambio climático. Aparte de su posible impacto inicial al encallar, al remover una embarcación existe el potencial de ocasionar más daños al arrecife si no se remueve con cuidado. Desgraciadamente, este escenario se ha visto con frecuencia en Puerto Rico.

 

Por otro lado, las embarcaciones que están hundidas representan un peligro a la navegación porque si los nautas no conocen de su presencia, pueden encallar a causa de estas y producirle daños a su embarcación y a los ecosistemas del lugar, lo que empeora el escenario. Muchas de estas embarcaciones no tienen luces nocturnas, están amarradas ilegalmente a boyas y existe el riesgo de que se suelten y se encallen.

 

Las embarcaciones encalladas, así como las abandonadas, pueden originar contaminación al ambiente marino, liberando, por ejemplo, combustible, lubricantes, químicos o materiales de la misma embarcación que se van desgastando. Las comunidades naturales marinas no están adaptadas para manejar esa contaminación antropogénica, por lo que podrían afectarse de manera significativa.

 

Otra repercusión es su impacto negativo en las actividades socioeconómicas, en este caso el turismo y la pesca comercial y recreativa; las actividades como el buceo y “snorkeling” dependen de la presencia de los recursos marinos. La belleza escénica de nuestras costas y la seguridad acuática se ven igualmente afectadas. Las zonas de mayor preocupación para el DRNA son Cabo Rojo, Lajas, Culebra, Guayama, Salinas, Ceiba y Fajardo, lugar donde hace poco tiempo comenzamos un esfuerzo con el Municipio para remover embarcaciones encalladas en Las Croabas.

 

Como agencia que vela por la conservación y cuidado de nuestros recursos naturales, hacemos un llamado a la comunidad nauta a que protejan nuestros valiosos ecosistemas costeros evitando encallamientos, conociendo las áreas por las que van a navegar y utilizando las cartas náuticas. En caso de confrontar un encallamiento, debe llamar al 787-724-5700, al 787-230-5555 o al 787-772-2000. Procuremos siempre cuidar nuestros ecosistemas marinos.

 

Fuente: http://www.elnuevodia.com/opinion/columnas/barcazasabandonadaspeligroparaelmar-columna-2325301/

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Cámara aprueba proyecto que declara a los arrecifes de coral como estructuras esenciales

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