Nueva enfermedad afecta a los erizos en el Caribe

Desde febrero se han registrado grandes eventos de mortandad, incluyendo en Culebra

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Sin ninguna explicación aparente, desde febrero pasado se han registrado muertes masivas de erizos en el Caribe. Especímenes enfermos y cadáveres se avistaron por primera vez frente a las costas de St. Thomas y St. John, en las vecinas Islas Vírgenes Estadounidenses.


Se trata de una nueva enfermedad que se ha extendido poco a poco, reportándose otros eventos masivos de mortandad en las islas de Saba, San Eustaquio, Dominica, San Vicente y Jamaica.


En Puerto Rico, también se han visto afectadas varias poblaciones de erizos, siendo Culebra el primer sitio en registrar grandes cantidades de mortandades, en abril. Se documentaron erizos muertos o enfermos en sitios como Punta Tamarindo y Punta Melones.


Este organismo marino es sumamente importante para la limpieza del arrecife de coral. El erizo de espinas largas, cuyo nombre científico es Diadema antillarum, solo existe en el Atlántico occidental, incluyendo el mar Caribe. Su rol es crucial en el arrecife, pues se alimenta de algas marinas que, de otra forma, compiten exitosamente por espacio con los corales.


Se puede decir que los erizos funcionan como pequeñas vacas marinas, que se encargan de controlar el crecimiento de algas y, de esta forma, proveen espacios para el crecimiento del coral. La ausencia de erizos en el arrecife causa que las algas se apoderen del espacio, alterando su población y composición.


Esta no es la primera vez que la Diadema del Caribe se ve afectada por una enfermedad. Un brote de mayor magnitud afectó al erizo negro entre 1983 y 1984, causando el colapso regional de la especie en el Atlántico occidental. En aquella ocasión, murió cerca del 98% de la especie: casi 45 mil millones de erizos, con nefastas consecuencias para los arrecifes de la región. Se desconoce el agente causal de esta enfermedad, aunque se piensa que se trata de una infección ocasionada por algún virus, bacteria u hongo marino.


La diferencia entre lo que está ocurriendo con los erizos ahora y lo sucedido en la década de 1980 es que esta vez la distribución de casos y muertes muestra una dinámica que es típica de las enfermedades infecciosas. Se observan focos de contagio y áreas de alta y baja susceptibilidad. Aun así, no se puede descartar que la contaminación química de los océanos o el mismo cambio climático sean también causantes o agravantes de las muertes masivas.


Este nuevo golpe tiene lugar luego de casi cuatro décadas de ocurrido el anterior y aun cuando la especie no se ha recuperado completamente de aquella “casi extinción” funcional. Sus cantidades habían aumentado apenas una fracción a los valores previos a 1983.


En Puerto Rico, existen hace varios años viveros para el cultivo del erizo negro (larvas de erizos que se mantienen en cautiverio) para posteriormente reintroducir la especie en los arrecifes. Esta idea fue acogida por el Departamento de Recursos Naturales y Ambientales, que también está estableciendo un vivero de erizos en Ceiba para promover la recuperación del erizo en la zona este del país. La idea es que, combinando técnicas modernas de análisis junto con esfuerzos de biorremediación, se puedan mitigar los efectos de la nueva mortandad y preservar los ecosistemas arrecifales.


Hoy día, el Caribe está mejor preparado para el estudio de este tipo de fenómeno gracias al avance de la biología molecular. Hay tecnologías modernas para la identificación de agentes infecciosos aislados de erizos muertos y enfermos. También, existen nuevas técnicas de recolección de muestras que permiten preservar el material genético de manera que se pueda secuenciar el ADN de los posibles agentes infecciosos.


Pero, más importante aún, hay varios equipos multidisciplinarios de ecólogos, microbiólogos, planificadores y biólogos moleculares en Puerto Rico que trabajan arduamente para comprender esta nueva enfermedad. Los profesionales intentan dar respuestas concretas sobre las consecuencias para el erizo negro y cuál es el agente infeccioso causante.


Uno de los equipos está formado por doctores especialistas en erizos, enfermedades de organismos marinos y técnicas moleculares de los recintos de Bayamón, Ciencias Médicas y Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, así como de la Sociedad Ambiente Marino. El grupo intentará dar respuestas y develar los misterios y dudas que aún persisten en torno a esta nueva enfermedad.


Ruiz Díaz pertenece a la Sociedad Ambiente Marino y Baerga Ortiz, al Centro para la Biodiversidad Tropical del Fideicomiso para Ciencia, Tecnología e Investigación de Puerto Rico.



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